maldita informática



Después de 12 horas de trabajo,

todo me ha desparecido.


no lloro,

no porque no quiera...

¡la rabia me lo impide!

40


ya he hecho los 40.
Y hay cosas que han cambiado,
He sido (supongo que puro azar) muy consciente de lo que me estaba dando la gente.
Me ha hecho un regalo que considero muy especial.
Un resumen de mi vida, llevado a una revista.
Todo el mundo a puesto por escrito o en forma de dibujo la sensación que le produzco.
Lo positivo y lo negativo.
Eso me ha encantado.
Me ha ayudado a ser consciente.
Espero que me dure.

de quien es el tiempo?



¿por qué tengo siempre la sensación,
cuando estoy esperando,
de que ese alguien
está utilizando mi tiempo?

Imposible

No puedo, la vida no me da para tanto, aunque lo intente no llego a todos los sitios...
¿de que me quito?

Hablar versus escuchar



Hablar por hablar parece fácil pero muchas veces lo más difícil es pensar por pensar.
Más que difícil, lo que es difícil es que estos pensamientos sean variados.
Me explico.
Acostumbro a pensar en muchas cosas, pero me doy cuenta de que todo se reduce a un circulo muy pequeño.
Por lo menos lo que me interesa.
Por lo tanto si hablo por hablar pero siempre de los mismo, lo que acabaré haciendo es aburrir por aburrir, y no creo que haya gente dispuesta a aceptarlo, ni tan siquiera yo estoy dispuesta a hacerlo.

Bueno, tendría que probarlo, igual no me iría tan mal.
por lo menos como catarsis.

Alguien está dispuesto a aguantar que le aburran o a aburrir?
La verdad es que hay gente que lo hace y quizás no se da ni cuenta

Cada día,



uno tras otro,
viajando,
creo mi vida.
Vivo.

Y como todos los viajes,
siempre hay algún cambio de planes.
Y enriquecen el viaje.

suerte

La suerte parece que me acompaña, pero no ocupa espacio

El contestador.Un post de Jezabel


Nunca había escuchado un mensaje como ese…

Tres tonos y de repente: “hola, en estos momentos, no estoy en casa, porque he salido a la calle a buscar alguien que me quiera, seguro que no debe ser tan difícil aunque últimamente me resulta bastante complicado, si eres ese alguien por favor, deja tu mensaje al escuchar la señal, sino cuelga… no perdamos nuestro tiempo”.

Yo llamaba a Sergio… y esa era una voz de mujer que se correspondía poco con la que yo recordaba de mi amigo… Al comprobar el número que había marcado desde mi móvil me di cuenta de que efectivamente me había equivocado.

Cambias un tres por un cuatro y de repente apareces en un universo extraño y complejo completamente ajeno a ti…

Eso pasó un 11 de mayo… y no me volví a acordar hasta que un mes después cuando me llegó la factura del teléfono…

Tengo la buena, mala o absurda costumbre de comprobar, en un alarde de esquizofrenia persecutiva, que los de la compañía de teléfonos no me cuelan ningún número al que yo en realidad no haya llamado…

Al verlo, no lo reconocí, así que decidí llamar a ver quién era…
Y otra vez, un mensaje en el contestador, que me hizo recordar el primero… claro que este segundo lo superaba con creces…

Uno, dos, tres tonos y : “ Hola, puede que esté en casa o no… quizás en estos momentos esté buscando argumentos para continuar viva en este mundo en el que no veo un sentido para seguir respirando… deja tu mensaje al escuchar la señal, quizás encuentre en el un bonito argumento para seguir intentándolo”.

Colgar me dolió en el alma, pero realmente no sabía que decir…

Durante días pensé un gran argumento para decirle a una extraña que su vida, la cual desconocía por completo, era suficientemente interesante como para seguir viviéndola.
Durante días y días… no se me ocurrió nada, ni siquiera uno para mi mismo… ¿Qué iba a decirle a ella?

Vive… porque… porque… porque eres lo suficientemente especial como para tener a alguien que no te conoce pensando en ti durante días, sólo por un mensaje en el contestador.
Volví a llamar, pensando que quizás esa sería una gran frase… y tras uno, dos tres tonos:
“Hoy si que estoy, mi madre me decía cuando era pequeña que si te pierdes lo mejor es quedarte quieta dónde estás hasta que te encuentren… y yo llevo aquí dos días, pero no viene nadie… ¿Es que no me estás buscando? ¿Es que no merezco que nadie me busque? Deja tu mensaje si ves que no tienes suficientes ganas de venir a encontrarme.”

Otra vez colgué…

Las tenía… todas las ganas del mundo de descubrir qué cara, que circunstancias se escondían detrás de esa dulce y triste voz que pedía ayuda a través de una fría grabación que siempre acababa con un pitido desagradable que me volvía a la realidad y mandaba el mensaje a mi cerebro de colgar inmediatamente.

Tarde diez minutos en encontrar su dirección a través de su teléfono, y diez días en decidirme a ir hasta su casa. Con la dirección escrita en un papel que llevaba en mi mano a modo de mapa, como si no me la hubiese aprendido ya de memoria… al igual que su número de teléfono, al que volví a llamar esta vez mirando desde la acera de enfrente de su portería.

Uno, dos, tres tonos.. tres… “Hola, no me había dado cuenta de la cantidad de veces que me llamas, escuchas mis mensajes y cuelgas. Va a volver a sonar el pip estridente del final ¿Por qué no pruebas esta vez a decir algo? Me gustaría saber qué voz tienes… tú has escuchado muchas veces la mía… sería lo justo ¿No? Debes estar tan perdido como yo si gastas tu tiempo en escuchar mi contestador…”

El pip no me hizo colgar esta vez.

Un silencio que a ambos nos pareció eterno. Un “hola” al tiempo que pensaba una frase mucho más larga y detallada: “estoy aquí abajo, y no soy un psicópata… sólo… sólo es que me encanta tu voz”.
Pero sólo salió un “hola”.
Uno, dos, tres… segundos… un silencio eterno… antes de que cogieras el teléfono y dándole un nuevo y asombroso rumbo a mi futuro dijeses: “¿Bajo?”.


Llegar













Ponerse cómodo y relajarse.
Es lo mejor.